martes, 22 de febrero de 2011

Un buen masaje, no tiene precio

Tengo lo hombros cargados, demasiado trabajo, el dolor es casi insoportable. Estoy esperando al masajista. Suena el timbre y es él. Viene con su camilla, aceites, una bata y una amplia sonrisa. Nos dirigimos al salón, es muy luminoso y espacioso, para poner la camilla. De da la bata y me pide que me la ponga y que le avise cuando este lista. Yo me desnudo, me dejo el tanga burdeos.

Entra en el cuarto, yo ya estoy tumbada bocabajo, tapada con la bata, el suavemente retira la bata de los hombros, me pide que me relaje, y empieza a verter el aceite por el cuello, s sien te frio, mi piel se eriza, tiemblo. Él se ríe por mi reacción y comienza. Sus manos cálidas masajean mu cuello, con la presión siento algo de dolor, pero pasa rápido, continúa con mis hombros, mis brazos, va bajando por la espalda hasta la cadera. Me destapa entera, yo tengo la piel caliente.

Me pide que me ponga bocarriba, mis grandes pechos quedan al descubierto, mis pezones están duros. Extiende algo de aceite debajo del pecho, para aliviar la tensión q provoca su gran tamaño. Masajear alrededor de mis pechos, yo deseo q los toqué, pero no lo hace. Me va vergüenza mirarlo, creo que ha notado mi deseo. Pasa a masajear mis piernas, desde los tobillos fue subiendo. Pasando por mis pantorrillas, mis rodillas, mis muslos… Yo suelto un pequeño gemido, está claro lo que deseo. Me pide que vuelva a darme la vuelta. Vuelve a tocarme en la cintura y va bando hasta mis nalgas, me pide q las relaje, y las masajea. Noto como tira de la cuerda de mi tanga y lo saca, clavándome la cuerda entre los labios, estoy tan caliente q tiemblo. Se ríe, dice que va a masajearme las ingles, que relaje las piernas. Mete su mano entre mis piernas y cola con los dedos mis ingles, su mano se moja y lo noto.

Yo me vuelvo y le digo q vuelva a masajearme el pecho q me duele un poco. Y coge con sus manos y me masajea eta vez los senos, mis pezones se ponen aun más duros. Se inclina sobre mí y los muerde. Me dice q va a masajearme con la lengua. Va moviéndola desde mis pechos hasta mis piernas, cuando esta abajo, me coge y jala de mí, poniendo mi culo casi al filo de la camilla, me quita el tanga y empieza a masajearme con la lengua por las ingles. Solo deseo q hunda su lengua en mi, creo q voy a correrme solo de pensarlo.


Ya por fin lo hace, me corro en su boca, y sige hundiendo su cabeza en mi, yo me vuelvo loca de placer. Le pido que masajee mi vagina. Obedientemente mete sus cálidos dedos y comienza el masaje, los abre los cierra, los dobla dentro de mí.  Mi vagina reclama algo más grande, lo necesita, palpita por ellos. Sin que yo tenga nada q decir, él lo hace, su verga es la más gorda que he sentido en mi vida, a pesar de lo húmeda q estoy cuesta de entrar. Él me pide que me relaje, que pronto me encontrare mucho mejor. Se mueve lentamente, me hace desear más, con su mano masajea mi clítoris, dulcemente, me coy a correr de nuevo, con su polla dentro, enloquecí, grite, me estremecí.

Yo ya no podía más, nunca había estado tan relajada, sin dolor, ni pesadez. Le miro, aun erecto, me acerco a él y le agradezco la satisfacción de su masaje, le beso, mientras acaricio su gran verga, tiene derecho a correrse también. Le noto temblar, le siento mío, no puedo evitarlo, le siento en el sofá para cabalgarle encima. Pongo mis pechos en su cara, quiero q los muerda, no pedo creerme su aguante. Le suplico que se corra, quiero sentir como se estremece entre mis piernas. Empiezo a gemir de nuevo, vuelvo a correrme y él ya no lo soporta más. Nos corremos a la vez.

Sudorosos, nos despedimos, volveré a llamarle la próxima vez que esté estresada…

domingo, 6 de febrero de 2011

En la cocina

Eduardo está en la cocina, haciendo la cena para los dos. Yo me acerco por detrás para ver que estaba haciendo, le rodeo con mis brazos por la cintura. El está  lavando las verduras, calabacines, zanahoria, calabaza… Yo deslizo mis manos hasta su bragueta, lo acaricio, él me responde sujetando mi mano con fuerza.

Se vuelve entre mis brazos y me besa, empujándome hasta llegar a la encimara de mármol, me sujeta de las nalgas y me sube encima del frio mármol, pero no me importa.  Levanta mi falda sin dejar de besarme, bajo mis braguitas y me las quito dejándolas en el suelo.  Se inclina entre mis muslos besándome,  lamiéndome, haciéndome  estremecer. Sin parar, sin dejarle salir de entre mis piernas, me hace llegar al éxtasis. Mis pezones están tan duros de placer que me duelen. Él para besarme, y baja los tirantes de la camiseta, dejando al descubierto mis pezones. Yo no aguanto más, necesito tenerle dentro, alargo mi mano hasta bajar su cremallera, meto mi mano, su verga esta dura, dura por mí y para mí, eso me hace humedecerme más. Guío su verga hasta mi y le rodeo con mis piernas, empujándolo dentro, lo más profundo posible.  Los dos gozamos, el mármol, ya está caliente, yo también. Vuelvo a gemir, gritar… le muerdo en el hombro en el momento de llegar al éxtasis. Él me mira, esta tan caliente, q no puede más, así me gusta cielo, vente mirándome a los ojos…

martes, 1 de febrero de 2011

Un suspiro



Sentí sus manos acariciando mis pechos, sobre la sabana, suave, dulce, despacio.  Sentí como buscaba mis pezones sobre la tela, ya estaban duros. Yo me hacia la dormida, pero me costaba no gemir.  Él se incorporó sobre mí, mordiéndome los pezones, intentando abarcar mis grandes pechos con las manos. Yo abro los ojos y le sonrió.

Jala suavemente la sábana, sintiéndose sobre mi cuerpo como una caricia, me estremezco, mi piel de gallina me delata. Sus cálidas manos pasan por mi cuerpo, calentándome, paran sobre mi vientre. Él se inclina, me besa, apasionadamente. Su lengua caliente y húmeda me excita, se mueve en mi boca. La puedo morder, lamer y hacer mía, como si de su falo se tratase. Me separa las piernas y sube la mano, hasta mis labios, húmedos, mi jugo rebosa. Me lo acaricia, poco a poco hunde sus dedos y se empapa de mi, mientras no para de besarme, hace que ahogué mis gemidos en sus labios… Mis pezones me duelen de tanta excitación, rozan contra su cuerpo.  Yo no puedo más, se lo suplico, quiero tenerle dentro de mí, una vez más. Me sonríe, y no lo hace, quiere verme suplicarle. Mi cuerpo se retuerce, al tiempo que el suyo me toca. Yo ya con el deseo de sentirle plenamente, me incorporo y le tumbo,  Ahora, él va a ser mío. Estando yo sobre él, su falo entra con facilidad, mojándolo por completo, sintiéndole hondo, dentro de mí. Mis pupilas se dilatan de placer, el se reprime, para no alcanzar el orgasmo, con solo notar la piel de mi vagina suave y húmeda.  Me muevo al compás de su respiración.  Su aliento y el mío van al mismo compás, sujeta mis pechos, al tiempo que pellizca mis pezones, para hacerme gemir, cada vez más fuerte.  Yo no aguanto más, mi cuerpo ya va a explotar, grito, gimo, digo su nombre, él no aguanta verme así. Los dos sudorosos nos abrazamos, me besa dulcemente y mira la hora. Aun nos quedan 2 horas para tener que levantarnos. Su olor embriaga mis sueños… Hasta mañana.