Sentí sus manos acariciando mis pechos, sobre la sabana, suave, dulce, despacio. Sentí como buscaba mis pezones sobre la tela, ya estaban duros. Yo me hacia la dormida, pero me costaba no gemir. Él se incorporó sobre mí, mordiéndome los pezones, intentando abarcar mis grandes pechos con las manos. Yo abro los ojos y le sonrió.
Jala suavemente la sábana, sintiéndose sobre mi cuerpo como una caricia, me estremezco, mi piel de gallina me delata. Sus cálidas manos pasan por mi cuerpo, calentándome, paran sobre mi vientre. Él se inclina, me besa, apasionadamente. Su lengua caliente y húmeda me excita, se mueve en mi boca. La puedo morder, lamer y hacer mía, como si de su falo se tratase. Me separa las piernas y sube la mano, hasta mis labios, húmedos, mi jugo rebosa. Me lo acaricia, poco a poco hunde sus dedos y se empapa de mi, mientras no para de besarme, hace que ahogué mis gemidos en sus labios… Mis pezones me duelen de tanta excitación, rozan contra su cuerpo. Yo no puedo más, se lo suplico, quiero tenerle dentro de mí, una vez más. Me sonríe, y no lo hace, quiere verme suplicarle. Mi cuerpo se retuerce, al tiempo que el suyo me toca. Yo ya con el deseo de sentirle plenamente, me incorporo y le tumbo, Ahora, él va a ser mío. Estando yo sobre él, su falo entra con facilidad, mojándolo por completo, sintiéndole hondo, dentro de mí. Mis pupilas se dilatan de placer, el se reprime, para no alcanzar el orgasmo, con solo notar la piel de mi vagina suave y húmeda. Me muevo al compás de su respiración. Su aliento y el mío van al mismo compás, sujeta mis pechos, al tiempo que pellizca mis pezones, para hacerme gemir, cada vez más fuerte. Yo no aguanto más, mi cuerpo ya va a explotar, grito, gimo, digo su nombre, él no aguanta verme así. Los dos sudorosos nos abrazamos, me besa dulcemente y mira la hora. Aun nos quedan 2 horas para tener que levantarnos. Su olor embriaga mis sueños… Hasta mañana.

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